Piero Calamandrei, El Procedimiento Monitorio. Ediciones de Cultura Jurídica. Buenos Aires, 1953.

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17. Opinión de Plòz y de Skedl, que clasifican el procedimiento monitorio entre los procesos ejecutivos.

La naturaleza ejecutiva del procedimiento monitorio se derivaría, según Plósz, principalmente, de su finalidad, a la cual corresponde, en la estructura procesal del instituto, el comportamiento de mera pasividad que observa el deudor, a semejanza de lo que típicamente ocurre en el proceso de ejecución; la orden de pago debería considerarse ya co­mo un inicio de ejecución, porque el juez, al emitirla, no trata de declarar (como haría en un verdadero proceso de cognición) si existe el derecho a realizar, sino que da como ya declarada su existencia y ordena, por eso, su realización forzada; la eventual oposición del deudor a la orden de pago sería, por consiguiente, un caso de verdadera oposi­ción a la ejecución” (véase anteriormente, n. 2) limitada dentro de un especial término preclusivo, transcurrido el cual la orden de ejecución se convertiría en irrevocable, no porque el juez esté convencido de la existencia del crédito que el actor alega, sino porque el deudor ha decaído ya de su derecho a oponerse a la ejecución iniciada. [...]

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18. Refutación: el procedimiento monitorio es una forma especial de proceso de cognición abreviado.

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[...] Si consideramos, como ya se ha hecho, el proceso de cognición en su fun­ción de preparación del título ejecutivo (véase, anterior­mente, n. 2), el nacimiento del título ejecutivo se nos pre­senta como el evento característico que indica el punto de contacto, y, al mismo tiempo, de separación entre las dos fases del proceso; toda aquella porción del procedimiento que está más acá del título ejecutivo, del cual constituye preparación y perfeccionamiento, es cognición; toda aque­lla porción que está más allá del título ejecutivo, del cual constituye desarrollo y consecuencia, es ejecución.

Si esto es exacto, la naturaleza del procedimiento mo­nitorio, que tiene la finalidad "de proveer un título ejecu­tivo (56) rápido y poco dispendioso", queda por si misma claramente definida; el mismo no sirve para hacer valer contra el deudor un título ejecutivo ya existente, pero sirve para crear de un modo rápido y económico, contra el deu­dor, un título ejecutivo que no existe todavía; por consiguiente, es un procedimiento de cognición, no de eje­cución. [...] El acreedor, mediante el proceso monitorio, consigue obtener con celeridad aquel título eje­cutivo que la cognición ordinaria le proporcionaría sola­mente después de mucha dilación; pero, una vez que haya conseguido obtener rápidamente en el proceso monitorio el título para pasar a la ejecución, se encuentra, frente a la ejecución, en la misma condición, en que se encontraría si su crédito hubiera sido declarado por una sentencia de con­dena. La orden de pago, la "inyunción" del R. D. de 24 de julio de 1922, no es, frente a la ejecución, un paso más adelante de lo que pueda serlo la sentencia de condena; la misma sirve de fundamento a la ejecución, es el medio, del (57) que hasta ahora el acreedor se encontraba desprovisto, para abrir la ejecución; es, en suma, título ejecutivo (03), pero no es todavía inicio de ejecución. Decir que la inyunción forma ya parte de la ejecución es como decir que ya ha entrado en la casa aquel que va todavía en busca de la llave para abrir la puerta. [...]

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19. El procedimiento monitorio constituye un caso de de­claración de certeza mediante preclusión.

Creemos, pues, que el procedimiento monitorio se debe considerar como una forma especial de proceso de cognición abreviado.

Pero aquí es necesario prever una objeción, ya incidental­mente señalada (en el n. 16), que se presenta como natural contra semejante definición: ¿cómo es posible considerar el proceso monitorio como una forma (aun cuando sea abre­viada y simplificada) de proceso de cognición, si el carácter típico de este instituto respecto del cual ya en el derecho común se hablaba de "praeceptum executivum sine causae cognitione") es la falta de toda cognición sobre el funda­mento de la demanda?

Contra esta objeción no valdría replicar que el proce­dimiento, que se ha iniciado sine causae cognitione en virtud de demanda del acreedor, puede dar lugar, siempre a un proceso ordinario de cognición en virtud de la oposición (61)del deudor; ya que de esta posterior y eventual inserción de una verdadera y propia fase de cognición en el proceso mo­nitorio no derivaría la necesidad lógica de reconocer al pro­cedimiento monitorio el carácter de proceso de cognición desde su inicio, de la misma manera que no pierde su carácter inicial el proceso ejecutivo común sólo porque también en el curso del mismo pueda incrustarse, en virtud de la oposi­ción del deudor contra la ejecución, un verdadero y propio juicio de cognición. Dejando, pues, de lado el caso, posible pero no esencial en todo proceso monitorio, de que el deu­dor se valga de su derecho de provocar el contradictorio, y con ello la cognición completa, debemos preguntarnos aquí si, en todos los otros casos en que, a falta de oposición por parte del deudor, el procedimiento monitorio viene ver­daderamente a dar vida a un título ejecutivo sin previo contradictorio, se puede decir que en esta forma de proce­dimiento falte absolutamente todo estadio de cognición.

Nadie puede poner en duda que una verdadera y propia cognición (aun cuando sea parcial) del mérito se encuen­tre, desde el momento en que se emite la inyunción, en el procedimiento monitorio documental, bastando para ello recordar que en esta forma de procedimiento el juez no puede pronunciar la orden de pago si no está convencido, a base de pruebas escritas, de la verdad de los hechos constitutivos de la acción (R. D. de 24 de julio de 1922, arts. 1 y 2) (71).